En los últimos años, se ha sabido que los comportamientos agresivos y hasta sangrientos de los chimpancés no eran episódicos, sino convencionales; que no eran motivados por la agobiante presencia del ser humano, sino que forman parte de su propia naturaleza. Guerras entre clanes, palizas mortales, ensañamiento en asesinatos, infanticidios... y violencia sexual. Un nuevo estudio señala que la agresividad de los machos hacia las hembras, en el contexto sexual, también es sistemático: son violentos con ellas porque así se garantizan descendencia.
"Estos resultados parecen sugerir que los machos son seleccionados para ser agresivos hacia las hembras para tener más éxito en sus intentos de ser padres", asegura Feldblum, de la Universidad de Duke. Este investigador, que estudió en Madrid, ha analizado a un grupo de 20 machos y 38 hembras del Parque Nacional de Gombe (Tanzania), el entorno en el que Jane Goodall cambió para siempre la percepción que se tiene de los chimpancés. Las agresiones consisten en agitar y romper ramas en su presencia, perseguir a la víctima e incluso patear, morder, golpear y arrastrar por el suelo a la hembra.

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